Imágenes borrosas y veloces desfilaban bajo mis párpados. A cada
latido de mi corazón una imagen aparecía y desaparecía como un rayo,
tan rápido que apenas podía visualizarlas por completo.
Un latido.
Una calle oscura, iluminada tenuemente por una farola.
Un latido.
Un chico alto de espaldas con el pelo oscuro.
Un latido.
Byron.
Abrí los ojos con un furioso parpadeo, jadeando con fuerza. El corazón
me latía velozmente ahora.
Me pasé una mano por el cuello, empapado de un sudor frío, y me lamí los labios.
S�lo era un sueño, no es real, me convencí mientras me incorporaba
hasta quedar sentada.
Suspiré y me levanté despacio, caminando hasta el baño a ciegas. Me
mojé la cara con agua fría y observé mi rostro en el espejo. El color
había desaparecido de mi rostro y tenía los ojos aún medio cerrados.
Cuando me fijé en la mancha púrpura a un lado de mi cuello mi cuerpo se congelo.
Había ocurrido de verdad.
La dolorosa realidad me volvió a golpear con fuerza hasta dejarme sin
aliento. Tragué saliva, intentando deshacer el nudo en mi garganta y
me apoyé en el mueble de mármol.
- Dios mío.
No, no podía ser... Byron había estado a punto de... Y Justin me había
salvado en el último momento...
La cabeza me daba vueltas.
Después de unos minutos tratando de calmarme a base de respiraciones
profundas, me puse derecha.
Podía con eso, no era una persona débil, lo íba a superar.
Me metí en la ducha y froté mi piel con fuerza, tratando de quitar
cualquier contacto indeseado que hubiera tenído. El agua caía contra
mi rostro rítmicamente, las gotas de agua resbalaban por mis mejillas
hasta caer silenciosamente en el suelo de la ducha.
Ahora recordaba cada uno de los detalles de la noche pasada, y no era
agradable hacerlo. Lo único que me consolaba era reparar en que había
controlado mi pánico lo máximo que había podido, había conseguido
defenderme después de todo.
Cuando por fin cerré el agua, me sentía más consciente de todo, más
despierta. No sabía si eso lo mejoraba o lo empeoraba.
Me vestí y me coloqué a toda prisa mis Dr.Martens. Había estado mucho
tiempo bajo la ducha y ahora llegaba tarde.
- ¿_______? - se escuchó que decía mi madre al otro lado de la puerta
de mi dormitorio. El pánico me invadió de nuevo.
Cogí mi estuche de maquillaje y, a toda prisa, me pusé una buena capa
de base encima del chupetón. Comprobé que mi pelo tapara gran parte de
mi cuello y cogí mi bolso Longchamp.
- ¡Ya salgo! - murmuré mientras me miraba por última vez en el espejo.
Esperaba que nadie reparara en el pequeño cambio de color que se podía
distinguir en la piel de mi cuello.
Abrí la puerta y esbozé una sonrisa hacía mi madre.
- Ey.
Mamá me miró con el ceño fruncido unos segundos. Los pendientes de
diamantes se balancearon en su oreja ligeramente.
- ¿Estás bien? - preguntó finalmente. Tragué saliva con disimulo,
tratando de no cambiar mi sonrisa. - Te noto algo rara.
- Oh, estoy genial. - repuse pasando rápidamente por su lado para que
no viera la expresión de mi rostro.
Cuando empecé a bajar las escaleras sentí la preséncia de mi madre
detrás mio o, más bien, el sonido que hacian sus tacones.
- Ayer por la noche llamó tu hermana.
Me detuve y me giré.
- ¿Ashley? - pregunté aún a sabiendas de que la pregunta era rídicula.
¿Qué otra hermana íba a ser?
Mi madre asintió y sonrió ligeramente.
- Parece que le está yendo muy bien por NY y, me ha contado, que ha
empezado a salir con un chico. - se pasó la punta del dedo índice por
la barbilla. - Creo que me ha dicho que se llamaba Simon.
- ¿En serio? - exclamé. La verdad era que Ashley nunca hablaba a mi
madre sobre sus múltiples novios. Había sido muy reservada en eso.
Pero, conmigo era distinto. Aún recordaba el nombre del último chico
del que me había hablado, un tal Jay. - Eso es genial, me alegro mucho
por ella.
- Me ha dicho que vendrá con él a Los Ángeles en un par de meses y nos
lo presentará. ¿No es genial?
Asentí con la cabeza, casi sin poder contener la mueca que se empezaba
a dibujar en mis labios. Mi madre tendía a emocionarse mucho por
cualquier cosa relacionada con Ashley. Según ella, debía prestarle
especial atención porque creía que, desde que su padre había muerto y
mamá se había vuelto a casar (con mi padre) la había dejado algo de
lado. Pero, yo conocía mejor a Ashley y también sabía que era una
persona muy independiente. Además, seguro que se lo estaba pasando de
miedo en Nueva York, con chicos guapos y fiestas de sociedad.
No pude evitar sonreír.
- Tengo ganas de que vuelva. - murmuré. Echaba de menos tenerla allí
todo el tiempo, cuando hablabamos hasta tarde desde nuestras camas,
cuando salíamos por el centro a comprar un helado. Parecía que habían
pasado muchos años desde entonces.
Mamá sonrió y me acarició el pelo.
- Yo también.
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Cuando cerré la puerta de casa y me giré ví al coche negro de Justin,
esperandome al borde de la acera. Respiré hondo y me arreglé un poco el pelo castaño y ondulado. Era
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