Posted by bizzle6 ♥ lunes, 16 de septiembre de 2013 | 0 Comentarios
_____ pov: El centro comercial estaba atestado de chicas guapas que íban con sus madres o sus amigas antes de empezar el nuevo curso. Emily me cogió del brazo y caminamos con paso firme agarrando nuestros capuchinos de Starbucks. - ¡Mira, Navy! Está es la tienda de la que te hablaba. - dijo señalando una tienda al lado de la fuente cristalina. Otter, decía el cartel negro. - Tienen los nuevos diseños de la firma de Victoria Beckham, los jeans de American Retro y los zapatos de Charlotte Olympia. - ¡Dios mio! Me encantan los zapatos de Charlotte. Entremos. Emily asintió y nos zambullimos en el ambiente parisino de la boutique. Un par de horas más tarde las dos salíamos con bolsas de la tienda, Emily con un bolso de VBH y, yo con un vestido negro de la firma francesa Maje y unos Charlotte Olympia de leopardo. Habíamos pasado una tarde maravillosa, como en los viejos tiempos. - Te dije que era la mejor boutique del centro comercial. - musitó Emily al salir. - Tenías toda la razón, Em. Tenemos que volver otro día, me he enamorado de los pantalones estampados de Kenzo. Me paré un momento a buscar mi Iphone en el bolso cuando de prontó algo chocó contra mi espalda. Giré la cabeza sorprendida y me encontré cara a cara con el pecho de un chico. Alcé la cabeza y miré al chico que tenía delante, enrojeciendo de golpe. Era sorprendentemente guapo: alto y delgado, con un hermoso rostro anguloso, unos intensos ojos miel y el pelo castaño claro peinado de manera desenfadada hacía arriba. - L-ll-lo siento. - Murmuré intentando apartar la mirada de sus labios carnosos para no parecer descarada. El chico sonrió ampliamente al ver mi rostro, dejándome delumbrada y un poco aturdida. - No importa, preciosa. - dijo mientras me guiñaba el ojo. - Si eres tú puedes chocarte las veces que quieras. Alcé una ceja mientras le observaba divertida, tenía toda la pinta de ser un mujeriego. - Lo tendré en cuenta la próxima vez. - musité y alcé la mano en señal de despedida. - ¡Adiós! El chico hizo lo mismo y se volvió en redondo, desapareciendo entre la multitud. Pero algo hizo que me quedará paralizada en medio de la gente, intentando respirar pausadamente. Al despedirse, me había parcecido que tenía una cicatriz en el dedo índice, ¿Sería possible qué...? - _______, ¿Qué haces aqui parada? Parece que hayas visto un fantasma. Me giré de golpe. Emily estaba detrás mio agitando con la mano su melena rubia rojiza. - Eh, yo... Estaba buscando mi móvil, y como no lo encontraba pensaba que me lo habían robado. - improvisé mientras empezaba a caminar hacía el Audi. - Oh, está bien. Te llevaré a casa, no querrás llegar tarde a tu cena en casa de Justin... -susurró Emily moviendo las cejas sugestivamente. Me sonrojé y aparté la mirada avergonzada, que mala que era Emily cuando quería. - ¡Oh, cállate Emily! La risa de Emily llenó el silencio durante el trayecto a casa, olvidándome momentániamente de lo que me esperaba en una hora. Justin's point of view: Habían pasado casi cinco años desde que ella se había ído de mi lado, si hubiera dicho que la había olvidado sería mentirme a mi mismo. Había algo en ella que se había clavado en mi interior. Es verdad que había dias que no pensaba en ella, pero otros me atormentaba por haberla dejado marcharse de mi lado. Tras su marcha, mi vida había canviado radicalmente, quizás había sido casualidad... Quizás no. Ahora mi vida se resumía basicamente en tres palabras: motos, alcohol y chicas. Y había algo más... Algo en lo que prefería no pensar demasiado, era peligroso. _______ se había llevado consigo al Justin bueno, ahora sólo quedaba una mísera imitación de lo que había llegado a ser. Ni tan sólo las chicas me alegraban, puede que fuera por que la que yo más deseaba no estaba, tan solo una consiguió llegar a conocer mi verdadero yo. Se llamaba Ash, la conocí un par de meses antes de mi accidente de moto. Creía poder confiar en ella, pero me había decepcionado. La noche de mi accidente había bebido más de lo corriente y las lineas de la carretera se mezclaban borrosas ante mis ojos. De pronto, sólo ví oscuridad, un golpe y, después un dolor agudo. Pasé un tiempo indefinido a oscuras y entonces ví una lineas de luz, después otra y finalmente una habitación blanca. Estaba vivo. Había el rostro de una chica en mi mente, pero no era el de Ash, era el de _______. Ella, mis recuerdos, me habían sacado de la oscuridad. Mi madre lloraba desconsoladamente, y a pesar de que intentaba sonreírme sabía que estaba destrozada. No podía perdonarme haberla hecho sufrir de esa manera. Al salir del hospital, Ash se había marchado sin dejar rastro, ni tan solo se había esperado a saber si yo había salido con vida. Simplemente, había desaparecido. Nunca más volvería a confiar en una chica. Pero... Nunca digas nunca. -¿Vamos a estar así toda la tarde? Venga, Brianna. Tengo una cena a las nueve. Estaba en el centro comercial con Brianna Anderson, una chica que me había presentado Ryan el día anterior. Pero había resultado una pérdida de tiempo, Brianna solo sabía hablar de zapatos y de lo mucho que necesitaba conocer a su cantante favorito. ¡Llevaba tres horas para escoger unos Louboutin! - Ya voy, Justin, ya voy. - musitó sin apenas prestárme atención. Me encogí de hombros y salí de la tienda para tomar el aire. Estaba lleno de gente, no se podía dar dos pasos sin llevarse a alguien por delante. Y, efectivamente, un segundo después alguien me dio un golpecito en la espalda. Me giré, preparado para soltar alguna frase sarcástica, pero esbocé una sonrisa al percatarme de que sólo era una chica, una chica muy guapa. Tenía un cuerpo bonito, el pelo castaño ondulado y unos grandes ojos pardos. - L-ll-lo siento. - tartamudeó poniéndose roja. Me lamí los labios, me encantaba hacer sonrojar a las chicas. - No te preocupes, preciosa. Si eres tú puedes chocarte las veces que quieras. Le guiñé el ojo y ella rió divertida, había algo en su risa que me era familiar. - Lo tendré en cuenta la próxima vez. - dijo ella. Nos despedimos y yo me giré, caminando hacía el aparcamiento. Brianna tendría que buscarse otro taxista. Subí a mi Porche plateado y me recosté en el asiento de cuero con la misma sensación de que ya había visto a esa chica antes. Le resté importáncia a mi pensamiento, seguramente la había visto en una fiesta o en el puerto. Me dirigí hacía mi casa, mi madre me había dicho ese mediodía que vendrían unos viejos amigos a cenar, pero antes de que acabara de explicármelo había salido corriendo para buscar a la estúpida de Brianna, así que no sabía quiénes eran. Bajé del coche, me caminé hacia la puerta y, suspirando, deseé volver a tener doce años por enésima vez.
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